jueves, 9 de julio de 2009

Lamento...



Lamento que hayas sentido mi debilidad,

cuando deberías haber sentido mi fortaleza.


Siento mucho que me escucharas llorar,

cuando deberías haberme oído reir.


Lamento que tengas que animarme,

cuando debería ser yo quien lo hiciera contigo.


Tienes una mezcla de entereza y fuerza

que está muy por encima de mi debilidad.


Tienes una medida de valentía y determinación

que supera con creces mi cobardía y dubitación.


Solo me queda agradecerte infinitamente,

porque siempre estás presente.


Cuando la luz se apaga en mi vida,

tu enciendes una vela que alumbra mi alma.


Cuando estoy a punto de desfallecer,

me tomas en tus brazos con ternura de madre

y me acaricias con el melodioso sonido de tus palabras.